Archivo de la etiqueta: slow food

La campaña ‘Come Local 2021’ cuenta con página web propia y un mapa interactivo

La Xunta, a través de la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal), impulsa por segundo año consecutivo la campaña “Come Local” en los comedores escolares gallegos en el marco del canal #Mercaproximidade. Slow Food Compostela es la encargada de promover los productos dentro de las DOP, IGP y de la agricultura ecológica de proximidad, en los que se incluyen alimentos proporcionados por el Craega, para seguir en su línea de transparencia y fomentar el producto gallego de pequeños productores. Este cometido se está llevando a cabo en 20 centros escolares repartidos por las cuatro provincias gallegas, entre ellos, los Comedores Escolares distinguidos como km 0.

Ahora acaba de ver la luz su propia página web, en la que recogen toda la información del desarrollo de esta campaña, además de un mapa interactivo en el que se pueden ver los centros que participan por provincias, qué menú pudieron degustar y quién fue el encargado de hacerlo. Según vayan participando los centros, el mapa se irá actualizando.

Hasta el próximo 31 de octubre, Agacal les impartirá formación y asesoramiento a los responsables de comedor. No solo se trata de degustaciones de menús especiales elaborados con productos de cercanías gallegos, sino que también se desarrollarán actividades formativas, tanto sobre las características nutricionales de los propios productos como el impacto que supone el consumo de productos certificados en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS).

En esta campaña se eligieron centros con cercanía a posibles proveedores de productos con denominación de origen, indicación geográfica protegida o ecológicos para poder acceder a reconocimientos como el de “Comedores km 0”. Otro criterio para la elección de los centros fue la de considerar los distintos sistemas de gestión tanto educativa como del comedor y, así, en la campaña participan centros escolares públicos, concertados, comedores gestionados por ANPAS o los servicios de catering.

Visita el mapa interactivo

El Craega se implica por segundo año consecutivo en la campaña Come Local

La Consellería del Medio Rural, a través de la Agencia Gallega de la Calidad Alimentaria (Agacal), lanza la segunda edición de la campaña Come Local en los comedores escolares en el marco del canal Mercaproximidade. La iniciativa será puesta en marcha por Slow Food Compostela con el objetivo de impulsar el consumo de los productos agroalimentarios gallegos con indicativo de calidad: las DOP (denominación de origen protegido), IGP (indicación geográfica protegida) y la agricultura ecológica de proximidad. Esta última será llevada a las mesas de los comedores escolares participantes gracias a la colaboración del Craega, que aportará diversos alimentos certificados, como carne de pollo y hortalizas, entre otros.
Esta campaña, que tuvo una gran acogida en su primera edición, se desarrollará hasta el 31 de octubre. En esta ocasión contará con formación y asesoramiento a los responsables de los comedores adheridos, por lo que no solo serán degustaciones de menús, sino también actividades formativas, tanto de las características nutricionales de los alimentos como del impacto que supone el consumo de alimentos certificados en la consecución de los Objetos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

ACTIVIDADES DE LA CAMPAÑA

  • Proporcionar a los comedores seleccionados, de forma totalmente gratuita, productos gallegos con certificado de calidad. Se dará la oportunidad de que niños y niñas usuarios del comedor puedan degustar varios productos de una excelente calidad con origen Galicia y con una trazabilidad garantizada.
  • Realizar un escandallo semanal para dotar a los comedores de una herramienta que facilite el cálculo del gasto que les permita planificar mejor su cuenta de gastos.
  • Enviar un vídeo a los estudiantes sobre educación alimentaria, que tiene como hilo conductor el papel de la biodiversidad agrícola y el que juegan los productos certificados a la hora de conservarla, así como la importancia de comer de manera local.
  • Formación a través de Zoom a los cocineros/as de los comedores y caterings.

PARTICIPANTES

Además de los cuatro Comedores Escolares KM 0 que ya participaron en la primera campaña: CEIP Xacinto Amigo Lera (Portomouro), CEIP Os Muíños (Muxía), CEIP Vicente Otero Valcárcel (Carral) y CEIP López Ferreiro (Compostela), se suman Divino Maestro e Colexio La Milagrosa de Santiago de Compostela; Colexio Alca de Ames, CEIP Santa Baia de Boiro; CPI Dr. López Suárez de Friol; CEIP San Cosme de Barreiros; CEIP Juan Rey de Lourenzá; CEIP Manuel Mato Vizoso de Vilalba; CEIP Rosalía de Castro de Bóveda; IES Lagoa de Antela de Xinzo de Limia; CEIP Joaquina Gallego Jorreto de A Merca; CEIP Carlos Cid Arregui de Rairiz de Vega; Colexio Salesianos-A Mercé de Cambados; CEIP Xoaquín Loriga de Prado (Lalín); CEIP A Lomba de Vilagarcía de Arousa y CEIP A Paz de Coruxo (Vigo).

Rocío García (SFC): “Nos cuesta valorar el producto gallego. La gama alta se asocia a lo de fuera”

Rocío García Carregal, secretaria de Slow Food Compostela (SFC). Foto: SFC

Slow Food es un movimiento que nace en Italia en los años 80 del pasado siglo con una filosofía muy clara: volver a la tradición preservando la cultura y la gastronomía autóctonas de cada zona. En Galicia dio sus primeros pasos en el 2008, pero no sería hasta 2015 cuando se funda una asociación con personalidad jurídica propia en Santiago. Bajo el icono del caracol, la entidad desarrolló la marca Restaurante Km 0, un proyecto de comedores escolares y la campaña Come Local. En el marco de esta última iniciativa, la entidad lleva a cabo las rutas Xantares de Vagar, eventos culinarios que -de septiembre a noviembre- recorren toda la comunidad con el objetivo de exaltar los productos de calidad certificada, entre ellos los del Craega. Con varios operadores ecológicos asociados, Slow Food Compostela (SFC) es una firme defensora de la agricultura sostenible. Hablamos con su secretaria en la capital gallega, Rocío García Carregal.

¿Qué efectos está provocando la pandemia en SFC? ¿Hay más interés por parte del consumidor?
Desde SFC notamos un cambio en los hábitos de consumo debido a la pandemia. Antes del escenario de la COVID-19, hablar de la importancia de la compra directa a los pequeños agricultores o incluso al comercio local, era solo para una parte de la población muy concienciada. Pero vimos cómo en medio de la cuarentena, la gente comenzó a tener miedo de sufrir un desabastecimiento alimentario. Llegamos a tener que comunicar que nuestros socios seguían trabajando con normalidad para tranquilizar a la gente que nos preguntaba. Comenzamos a ver cómo tornaba el consumo de quinta gama en producto fresco y que la gente evitaba las grandes superficies buscando directamente a los productores. Fueron muchos los socios que nos contaron cómo subió la demanda, y cómo incluso muchos de los consumidores se acercaban en su propio vehículo a las explotaciones para comprarles allí el producto.

El problema lo vivieron más los productores medianos o grandes, que trabajaban con restauración y que vieron cómo, de un día para otro, su canal de comercialización quebraba. Esto les obligó a reconvertirse en medio de la pandemia. Toda la digitalización que no se había hecho en muchos años, se tuvo que implementar en poco más de dos meses. Desde la asociación intentamos ayudar para crear estas redes, asesorándoles y buscando soluciones logísticas. A día de hoy, algunos socios que no disponían ni de página web cuentan con un marketplace propio o en multiplataforma.

La tendencia de este tipo de consumo llegó para quedarse. La crisis que estamos viviendo ha despertado una conciencia en el consumidor que busca hacer una compra responsable con su entorno socioeconómico.

Se habla de dos corrientes de consumo tras la COVID-19: producto eco y saludable vs. marcas blancas. ¿Cuál gana?
Las dos. Por una parte, está el segmento de la población que mantiene un poder adquisitivo medio o alto y que se preocupa cada vez más por lo que come. Ya se podía encontrar ese interés entre las personas con problemas previos de salud o niños a su cargo. Pero ahora vemos que ese interés está más presente por la relación de la alimentación con el sistema inmunológico. La gente comienza a tomar conciencia de la importancia de lo que consume de manera habitual y no le importa invertir un poco más en comer mejor.

Pero en el otro lado está la población que está viviendo las consecuencias de la crisis económica. Mucha gente vio mermar su poder adquisitivo significativamente y dejó de poder acceder a productos de buena calidad. En familias donde se está viviendo una situación de carestía, la cesta de la compra se llena primando el precio y no la calidad. Esto acabará sin duda ocasionando un problema secundario de salud a medio y largo plazo.

¿El gallego está realmente concienciado con el producto local? ¿Le da valor a lo que está cerca?
La verdad es que no. Es una lucha constante. No sé si es por nuestro carácter, pero no tenemos ese orgullo de lo nuestro como el que encontramos en otras regiones. Desde SFC siempre nos fijamos en el valor que le dan a lo suyo en el País Vasco, por ejemplo, donde priorizan sus productos por encima de las importaciones. Aquí asociamos lo de casa como gama media y lo de importación como gama alta. Nos cuesta tomar conciencia de la riqueza gastronómica que tenemos y muchas veces le damos más valor a gastronomías más exóticas. Pocas regiones pueden presumir de tener carnes de tan excelente calidad como las nuestras, pescados y mariscos con tanta variedad, legumbres, verduras y frutas frescas… Tenemos una biodiversidad alimentaria tremenda, pero aún comenzamos ahora a darle valor. Poco a poco parece que empezamos a vernos como somos de verdad y no como la caricatura que se ve reflejada desde fuera. Galicia es mucho más que pimientos, pulpo y mariscadas, y aunque no fuéramos más, seríamos muy ricos.

En Galicia, la ‘fast life’ todavía no ha conquistado, por fortuna, porcentajes significativos del territorio. ¿Qué obstáculos encuentran para promocionar los valores de SFC?
Muchas veces nos encontramos con muchos prejuicios por el precio. Depende mucho del segmento con el que tratemos. Si estamos hablando con restauración, dan por sentado que comprar en una gran superficie va a ser más barato, cuando no siempre es así. Y si hablamos con consumidor final, a veces percibimos un gran desconocimiento de los productos locales y los canales donde  conseguirlos.
Aun así, encontramos un tímido cambio, acelerado en parte por la covid, donde el consumidor toma conciencia de lo que compra y las implicaciones ambientales y socioeconómicas que tiene.

Alimentación industrial, transgénicos, globalización, pérdida de biodiversidad… ¿Qué foto podemos hacer de Galicia?
Es un tema muy amplio y complicado. Para resumirlo diría que no hay formación casi ninguna al respecto. La gente tiene cada vez más interés por lo que consume, pero las fuentes dónde se informa no son las idóneas. Pienso que muchas veces la culpa es nuestra, de los perfiles más técnicos, porque no sabemos transmitir la información de una manera más clara y sencilla.

Para nosotros, por pertenecer a la Fundación Internacional Slow Food, el tema de la biodiversidad es una prioridad y, sin embargo, vemos cómo se consume toda la riqueza patrimonial que tenemos en nuestra tierra. Un ejemplo es el maíz. Galicia contaba con una riqueza genética tremenda. El Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM) clasificó más de 500 variedades, pero en el registro nacional de semillas sólo están catalogadas una docena. A los problemas de comercialización que esto supone, tenemos que sumar la complicación de producirlo en un radio de hibridación con otras variedades. Además, el productor va a encontrar muchísimos problemas para moler la harina, ya que la mayoría de molinos tradicionales están dentro de vuestra red, del Craega, y no se le permite llevar el maíz por el peligro de contaminación con las variedades transgénicas. Para mí es un buen ejemplo de cómo los OGM están afectando a nuestra biodiversidad.

Con las frutas (manzanas, peras o tomates) podríamos contar la misma historia. Las variedades híbridas comerciales, más vistosas y homogéneas, están desplazando la compra del producto tradicional en los lineales de las grandes superficies. Por eso, las cosechas se orientan a estas producciones con más demanda en el mercado convencional. El problema no es la falta de voluntad de los productores, sino las dificultades de comercialización.