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Ya está en marcha la cuarta edición de los Premios TalentA

Corteva Agriscience y la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales en España (Fademur) ponen en marcha a cuarta edición de los Premios TalentA.

El objetivo de estos galardones es potenciar el talento y el emprendimiento de las mujeres en el rural, detectando las potencialidades que ofrece el territorio y dinamizando la economía local. El plazo de presentación está abierto hasta el 31 de enero, incluido.

Cabe recordar que en pasadas ediciones, emprendedoras que forman parte del Craega fueron galardonadas en estos premios. En concreto, en el año 2021 María José Tallón, de la firma silledense (Pontevedra) Trasdeza Natur, obtuvo uno de los premios finalistas y en el año 2022, Marta Álvarez y Ana M.ª Corredoira, con su firma de leche Sen Máis, también obtuvieron uno de los reconocimientos.

CATEGORÍAS DE LOS PREMIOS

Debido a la participación de la Cátedra Corteva en Agricultura Digital y Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, se incluye una nueva categoría para apoyar a mujeres universitarias que tengan un proyecto agroalimentario innovador para desarrollar en una zona rural. A esta categoría optarán aquellos programas que procedan de cualquier ámbito universitario de España, que sean de cualquier tipo de modalidad académica, siempre y cuando su proyecto esté vinculado y tenga un impacto positivo en el sector agrario o agroalimentario, o que necesiten de apoyo externo para lograr desarrollarse y que su finalidad sea acercar un valor al desarrollo de la mujer en el entorno rural.

Dentro de la categoría Mujer Rural Emprendedora, se podrán presentar mujeres rurales emprendedoras con proyectos del sector agrario o agroalimentario, desarrollados en el ámbito rural, que estén situados en áreas rurales de no más de 20.000 habitantes, que se encuentren en una fase inicial de preparación y planificación o que ya hayan sido puestos en marcha en espacios rurales y que quieran iniciar una nueva línea de negocio o mejorar la que tienen.

En su página web podéis consultar más información y toda la documentación necesaria para presentar el proyecto.

Los Premios de Excelencia a la Innovación de las Mujeres Rurales incluyen novedades para la presente edición

Imagen de la edición celebrada en 2021

Como cada año, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) convoca los Premios de Excelencia a la Innovación de las Mujeres Rurales, una iniciativa que busca poner en valor el trabajo y los proyectos de vida de las mujeres del rural y la imprescindible labor que realizan para mantener y revitalizar estos territorios.

La convocatoria de la 13.ª edición contará con una dotación de 150.000 euros y se publicará en los próximos días.

CATEGORÍAS

Se reconocerán proyectos excelentes, originales e innovadores de cuatro categorías:

  1. Excelencia a la innovación en la actividad agraria
  2. Excelencia a la innovación en la actividad pesquera o acuícola
  3. Excelencia a la innovación en diversificación de la actividad económica en el medio rural o zonas costeras rurales
  4. Excelencia a la comunicación

NOVEDADES

Este año se ponen en marcha algunas novedades, como la ampliación del ámbito geográfico de los premios para incluir proyectos localizados en ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes. Al igual que la definición de «zonas pesqueras rurales», que se engloban a los ayuntamientos de menos de 30.000 habitantes en los que se realiza actividad pesquera o acuícola. La categoría «excelencia a la innovación en la actividad pesquera o acuícola» abarca todas las candidaturas relacionadas con este ámbito.  Para las propuestas de las personas físicas, se sustituye el requisito de que la persona tenga su domicilio en el medio rural para que sea el proyecto o la actividad económica la que se encuentre en esta área o, en su caso, en zonas pesqueras rurales.

Toda la información en la web del Ministerio

EFA Fonteboa gana el XXII Premio Aresa

En la jornada de ayer el jurado del XXII Premio Aresa se reunió para dar a conocer el nombre del galardonado. Antonio López, rector de la USC; Montserrat Valcárcel, vicerrectora de Coordinación del Campus Lugo; María Cruz Díaz, presidenta de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos; Carme Pampín, CEO de GalChimia, y Álvaro Rodríguez Eiras, presidente de Aresa, fueron los encargados de juzgar esta edición.

El rector de la USC valoró la diversidad de las candidaturas: “Contamos con mucha variedad en los proyectos, desde formativos hasta de investigación, ganaderos o agrícolas… Todas ellas, eso sí, con mucho valor» y anunció que «tras estudiarlas a fondo, acordamos por unanimidad que la vencedora de esta vigésimo segunda edición del Premio Aresa fuese la presentada por el Centro de Promoción Rural-EFA Fonteboa, de Coristanco».

López Díaz expuso que ya había sido finalista en anteriores ediciones del Premio y “queremos destacar así, en esta ocasión, la importancia que la formación de profesionales tiene para el desarrollo presente y futuro del sector primario, de los sectores agrícola y ganadero de Galicia». Así mismo, resaltó que para estar a la altura de los retos que vienen, es necesario contar con personal formado y cualificado y “la EFA Fonteboa tiene una larga trayectoria en la formación del ámbito rural».

LAS CANDIDATURAS

Cabe destacar que entre el listado de candidaturas presentadas a esta edición del Premio Aresa se encontraban tres entidades que cuentan con la certificación del Craega: Muuhlloa, Carabuñas y Traloagro. Además, se presentaron Federación de Razas Autóctonas de Galicia (Boaga); Cooperativa Tres Fuciños; Timbersoul; Amarelante; DOP O Cebreiro; Estrategia de lucha ecológica frente a la plaga de la rata topo; Ganadería María Dolores Vázquez Carballés; Belacolmea y Comunidade de Montes Veciñais en Mancomunidade de Couso.

ENTREGA DEL PREMIO

En cuanto a la entrega de los galardones, López Díaz anunció que será el próximo 11 de marzo en el auditorio de la Facultad de Veterinaria del Campus de Lugo en el formato tradicional, siempre que las condiciones sanitarias derivadas de la pandemia lo permitan. El Premio Aresa está dotado con 10.000 euros y una placa conmemorativa.

Xosé Santiso: «O Fogar dignifica el rural. No queremos que nadie se avergüence»

Xosé Santiso, propietario del Fogar, en su huerta ecológica de Trasellas (Teo).

Cocina para Cáritas. Ha llevado sus platos ecológicos hasta el comedor de Inditex. La tienda online funciona otra vez para dar salida, entre otros, a las hortalizas y destilados de producción propia con sello del Craega.  Y prepara menús para entregar a domicilio o recoger en el local.  La maquinaria Fogar no para en la pandemia, aun a pesar de que los cinco restaurantes que tiene sembrados por toda Galicia permanecen cerrados. La COVID-19 ha sido un duro golpe, pero también un respiro necesario para probar acciones nuevas y rescatar ideas aparcadas por falta de tiempo. Una consultoría, una aceleradora de empresas, un motor de emprendimiento rural… Xosé Santiso, propietario del negocio, defiende el valor de un proyecto que echó a andar hace un cuarto de siglo con tres pilares clave: sostenibilidad, compromiso rural y economía circular.

O Santiso, como negocio de raíces rurales, ¿es un privilegiado en el contexto de la pandemia?
Es complejo. Nuestro proyecto tiene muchas facetas y ubicaciones distintas. Estamos en el rural, pero también en ámbitos urbanos. Somos casi autosuficientes para poder resistir durante bastante tiempo con una pandemia, pero eso no quita que nos haya dado un duro golpe. Ahora tenemos los cinco restaurantes cerrados y buena parte de la plantilla en un ERTE. Pero en momentos como el verano sí que fuimos unos privilegiados. Tenemos espacio exterior, producción propia y no dependemos de agentes externos. Si hablamos en términos de cultura de empresa, lo que nos trajo el confinamiento fue tiempo. Fogar do Santiso lleva 25 años trabajando para ser un referente de transformación social, ambiental, gastronómico y también del sector primario. Pero siempre prima el hoy y no hay margen para nada más.

¿El suyo es un proyecto en proceso de reinvención constante?
Lo cierto es que a nosotros la covid no nos obligó a reinventarnos. Lo llevamos haciendo dos décadas. Ya en la crisis de 2008 creamos un plan estratégico a 100 años porque pensamos que la sostenibilidad nunca puede ser cortoplacista. Nuestra empresa cuenta con tres patas equilibradas: social, ambiental y económica. La pandemia está dejando muy perjudicada esta última, pero refuerza las otras dos. Con el negocio cerrado al 90%, hay que tener un colchón financiero para subsistir hasta que la situación cambie. O te quedas parado y te pones a llorar o aprovechas ese paréntesis sin ingresos para hacer todo lo que tenías pendiente por falta de tiempo. Y decidimos centrarnos en la puesta en valor y diseñar la hoja de ruta para activar O Fogar consultora, aceleradora, formadora de emprendimiento rural, transformadora social…

¿Entonces este paréntesis obligado ha servido para reactivar el Plan Estratégico de O Santiso?
Cuando tomamos la decisión de crear un Fogar a cien  años, la mayor motivación era dejar una herencia digna a las siguientes generaciones. La restauración y la alimentación deben llevarse al ámbito de la sostenibilidad real. Si no introduces acción en un plan estratégico eres una isla. Hay que saber utilizarlo para educar, transformar gente de tu entorno, generar más valor y lograr que otras organizaciones y administraciones se impliquen. Durante muchos años, nosotros hemos hecho eso mismo. Mirábamos sólo lo que teníamos delante de los pies porque no llegábamos a todo. Ahora ese bagaje nos sirve para invertir en nosotros mismos y explicarle a otros un caso real. Yo creo en la innovación y en la evolución constante. Es la clave para adaptarse a los tiempos y para seguir al frente del cambio.

¿Considera suficientes las medidas que está adoptando la Administración para el sector hostelero?
Aceptamos cualquier medida que haya para el sector. Pero en cuanto a los criterios empleados para establecer las normas, es necesario hacer alguna puntualización. Se adoptan medidas estándar y no se tienen en cuenta las peculiaridades de cada negocio. Cuando un establecimiento está ubicado en una carballeira y hay 10 metros de separación entre las mesas, entiendo que en ese sitio las posibilidades de contagio son menores que en un supermercado. Y si preparas platos para llevar, ¿por qué no comer en la carballeira y no en casa? La Administración debería abrir entornos seguros para la hostelería, al igual que está haciendo con el sector de la cultura. Tenemos locales en cascos urbanos que son muy pequeños y estoy de acuerdo en cerrar. Pero en Teo, Oleiros y Allariz, no. Y para los que no dispongan de espacios exteriores como los nuestros, hay alternativas. Tenemos cocinas móviles que podríamos poner al servicio de otros hosteleros para que se instalen en parques o espacios abiertos de las ciudades.

El servicio de entrega a domicilio es una de las líneas que ha estrenado Fogar do Santiso con la pandemia. ¿La acogida es buena?
La facturación es irrelevante para el volumen de una estructura como la nuestra. Está concebido como una acción de marketing para que la gente vea que sigues ahí y para concienciar sobre el consumo de producto de temporada. Lo que mejor funciona son los combos familiares con una oferta económica muy agresiva. Sacas mercancía casi a coste para que el cliente siga creyendo en ti. Lanzamos una caja de hamburguesas para hacer en casa, organizamos unas jornadas carnívoras, cestas de Navidad con producto local, tenemos otra oferta para llenar la nevera con hortalizas de nuestra huerta… Pero la aceptación es ridícula. No hay concienciación.

¿Está pasando lo mismo con la venta online?
Ya habíamos tenido una tienda online hace muchos años y ahora la reactivamos. Pero no funciona, es solo un complemento. No es posible vender producto local ecológico en tu entorno a través de Internet. En el confinamiento, la gente siguió comprando en las grandes superficies, justo donde no se aporta valor al tejido local. Por eso creemos que las acciones tienen que ser en el origen, en la transformación del consumidor, en los valores que identifican las normativas, en los comités ambientales, en la educación…

¿Qué significa la familia en los orígenes del proyecto Santiso?
Todo. Mi abuelo era una persona muy inventiva. Era músico, construía molinos, contaba historias… Mi padre era poeta, filósofo, músico… Por encima de todo, quería mucho a su tierra. Emigró. Estuvo entre 10 y 12 años en diferentes países, aprendiendo idiomas y conociendo otras culturas. Y cuando volvió para aquí, se hizo agricultor trabajando para terceros. Una persona peculiar. A mí, desde niño me inculcaron ese sentimiento de arraigo, de apego a la tierra. Empecé con mi padre las clases de música con ocho años y también con él me acerqué a la recuperación de tradiciones como la malla, el Entroido… En el 1996 abrimos O Fogar. Lo construimos con la ayuda de los chavales que venían conmigo al instituto. Queríamos hacer un mundo surrealista, traer la ciudad al rural para que vieran su valor. Pero el objetivo sobre todo era que restauración y gastronomía se convirtieran en un medio para transmitir la cultura y las raíces. Creamos una romería permanente, un espacio donde revivir el pasado, donde comer con las manos en el suelo de tierra como si te trasladaras a los tiempos de los Picapiedra… El primer día, recién abiertos, había mil personas en la puerta.

Y desde entonces hasta llegar a los cinco restaurantes…
Lo de abrir restaurantes no es algo que nos  gustara. Ha sido una forma de darle salida a nuestro producto y de mantener la cultura del proyecto. Tenemos una estructura de autoabastecimiento desde 2007. En el rural, la estacionalidad es brutal. Trabajas dos meses en verano y algo los fines de semana durante el resto del año. A partir del 2008, entre la crisis y el carné por puntos, la gente dejó de salir. Y había que buscar alternativas. Pero para hacerlo bien, respetando la trazabilidad y la economía circular, necesitas profesionalizar todos y cada uno de tus departamentos. Si además quieres transmitir el valor que hay detrás de cada plato y respetar tu filosofía empresarial, hace falta volumen. Con lo cual, abrimos por necesidad. Ahora estamos en Teo, Santiago (Santiso Compostela y Taverna Gallega), Oleiros y Allariz. Nos falta el mar. La idea es abrir en las Rías Baixas porque llevamos mucho tiempo comprando producto a la Cofradía de Pescadores de Aldán.

Además de llevar O Santiso al mar, ¿algún otro proyecto entre manos?
Estamos con un proyecto para convertirnos en proveedores de materia prima para el comedor de Inditex a través de Sodexo (gestora del servicio). Ahora que el ritmo de trabajo es muy bajo,  podemos destinar un turno a prepararles productos elaborados. Tenemos infraestructura para hacer, por ejemplo, una croqueta vegana con materia prima 100% orgánica, local y de temporada. Además, desde marzo estamos cocinando para Cáritas porque vemos que existe una necesidad muy grande. A largo plazo, valoramos la  opción de crear una distribuidora de ecológico. Es muy difícil que una empresa externa ponga en valor lo que hay detrás de nuestro proyecto.

¿Cómo imagina O Santiso pospandemia?
El valor del proyecto debe conseguir mucho más peso. Fogar tiene que ser un agente transformador a través del conocimiento y no solo de la comida. La gente que ahora reconoce  lo que hace O  Santiso ya sabe de sostenibilidad y está muy concienciada. Para el resto, es un sitio en el que lo pasas bien, que tiene historia, que es atractivo… Les da igual lo que hay detrás del plato. Estamos en un momento en el que es importante que se perciba lo que hay más allá de la fachada. Nosotros defendemos nuestra tierra y no queremos que las siguientes generaciones se avergüencen del rural. Hay que dignificarlo.