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Rocío García (SFC): “Nos cuesta valorar el producto gallego. La gama alta se asocia a lo de fuera”

Rocío García Carregal, secretaria de Slow Food Compostela (SFC). Foto: SFC

Slow Food es un movimiento que nace en Italia en los años 80 del pasado siglo con una filosofía muy clara: volver a la tradición preservando la cultura y la gastronomía autóctonas de cada zona. En Galicia dio sus primeros pasos en el 2008, pero no sería hasta 2015 cuando se funda una asociación con personalidad jurídica propia en Santiago. Bajo el icono del caracol, la entidad desarrolló la marca Restaurante Km 0, un proyecto de comedores escolares y la campaña Come Local. En el marco de esta última iniciativa, la entidad lleva a cabo las rutas Xantares de Vagar, eventos culinarios que -de septiembre a noviembre- recorren toda la comunidad con el objetivo de exaltar los productos de calidad certificada, entre ellos los del Craega. Con varios operadores ecológicos asociados, Slow Food Compostela (SFC) es una firme defensora de la agricultura sostenible. Hablamos con su secretaria en la capital gallega, Rocío García Carregal.

¿Qué efectos está provocando la pandemia en SFC? ¿Hay más interés por parte del consumidor?
Desde SFC notamos un cambio en los hábitos de consumo debido a la pandemia. Antes del escenario de la COVID-19, hablar de la importancia de la compra directa a los pequeños agricultores o incluso al comercio local, era solo para una parte de la población muy concienciada. Pero vimos cómo en medio de la cuarentena, la gente comenzó a tener miedo de sufrir un desabastecimiento alimentario. Llegamos a tener que comunicar que nuestros socios seguían trabajando con normalidad para tranquilizar a la gente que nos preguntaba. Comenzamos a ver cómo tornaba el consumo de quinta gama en producto fresco y que la gente evitaba las grandes superficies buscando directamente a los productores. Fueron muchos los socios que nos contaron cómo subió la demanda, y cómo incluso muchos de los consumidores se acercaban en su propio vehículo a las explotaciones para comprarles allí el producto.

El problema lo vivieron más los productores medianos o grandes, que trabajaban con restauración y que vieron cómo, de un día para otro, su canal de comercialización quebraba. Esto les obligó a reconvertirse en medio de la pandemia. Toda la digitalización que no se había hecho en muchos años, se tuvo que implementar en poco más de dos meses. Desde la asociación intentamos ayudar para crear estas redes, asesorándoles y buscando soluciones logísticas. A día de hoy, algunos socios que no disponían ni de página web cuentan con un marketplace propio o en multiplataforma.

La tendencia de este tipo de consumo llegó para quedarse. La crisis que estamos viviendo ha despertado una conciencia en el consumidor que busca hacer una compra responsable con su entorno socioeconómico.

Se habla de dos corrientes de consumo tras la COVID-19: producto eco y saludable vs. marcas blancas. ¿Cuál gana?
Las dos. Por una parte, está el segmento de la población que mantiene un poder adquisitivo medio o alto y que se preocupa cada vez más por lo que come. Ya se podía encontrar ese interés entre las personas con problemas previos de salud o niños a su cargo. Pero ahora vemos que ese interés está más presente por la relación de la alimentación con el sistema inmunológico. La gente comienza a tomar conciencia de la importancia de lo que consume de manera habitual y no le importa invertir un poco más en comer mejor.

Pero en el otro lado está la población que está viviendo las consecuencias de la crisis económica. Mucha gente vio mermar su poder adquisitivo significativamente y dejó de poder acceder a productos de buena calidad. En familias donde se está viviendo una situación de carestía, la cesta de la compra se llena primando el precio y no la calidad. Esto acabará sin duda ocasionando un problema secundario de salud a medio y largo plazo.

¿El gallego está realmente concienciado con el producto local? ¿Le da valor a lo que está cerca?
La verdad es que no. Es una lucha constante. No sé si es por nuestro carácter, pero no tenemos ese orgullo de lo nuestro como el que encontramos en otras regiones. Desde SFC siempre nos fijamos en el valor que le dan a lo suyo en el País Vasco, por ejemplo, donde priorizan sus productos por encima de las importaciones. Aquí asociamos lo de casa como gama media y lo de importación como gama alta. Nos cuesta tomar conciencia de la riqueza gastronómica que tenemos y muchas veces le damos más valor a gastronomías más exóticas. Pocas regiones pueden presumir de tener carnes de tan excelente calidad como las nuestras, pescados y mariscos con tanta variedad, legumbres, verduras y frutas frescas… Tenemos una biodiversidad alimentaria tremenda, pero aún comenzamos ahora a darle valor. Poco a poco parece que empezamos a vernos como somos de verdad y no como la caricatura que se ve reflejada desde fuera. Galicia es mucho más que pimientos, pulpo y mariscadas, y aunque no fuéramos más, seríamos muy ricos.

En Galicia, la ‘fast life’ todavía no ha conquistado, por fortuna, porcentajes significativos del territorio. ¿Qué obstáculos encuentran para promocionar los valores de SFC?
Muchas veces nos encontramos con muchos prejuicios por el precio. Depende mucho del segmento con el que tratemos. Si estamos hablando con restauración, dan por sentado que comprar en una gran superficie va a ser más barato, cuando no siempre es así. Y si hablamos con consumidor final, a veces percibimos un gran desconocimiento de los productos locales y los canales donde  conseguirlos.
Aun así, encontramos un tímido cambio, acelerado en parte por la covid, donde el consumidor toma conciencia de lo que compra y las implicaciones ambientales y socioeconómicas que tiene.

Alimentación industrial, transgénicos, globalización, pérdida de biodiversidad… ¿Qué foto podemos hacer de Galicia?
Es un tema muy amplio y complicado. Para resumirlo diría que no hay formación casi ninguna al respecto. La gente tiene cada vez más interés por lo que consume, pero las fuentes dónde se informa no son las idóneas. Pienso que muchas veces la culpa es nuestra, de los perfiles más técnicos, porque no sabemos transmitir la información de una manera más clara y sencilla.

Para nosotros, por pertenecer a la Fundación Internacional Slow Food, el tema de la biodiversidad es una prioridad y, sin embargo, vemos cómo se consume toda la riqueza patrimonial que tenemos en nuestra tierra. Un ejemplo es el maíz. Galicia contaba con una riqueza genética tremenda. El Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM) clasificó más de 500 variedades, pero en el registro nacional de semillas sólo están catalogadas una docena. A los problemas de comercialización que esto supone, tenemos que sumar la complicación de producirlo en un radio de hibridación con otras variedades. Además, el productor va a encontrar muchísimos problemas para moler la harina, ya que la mayoría de molinos tradicionales están dentro de vuestra red, del Craega, y no se le permite llevar el maíz por el peligro de contaminación con las variedades transgénicas. Para mí es un buen ejemplo de cómo los OGM están afectando a nuestra biodiversidad.

Con las frutas (manzanas, peras o tomates) podríamos contar la misma historia. Las variedades híbridas comerciales, más vistosas y homogéneas, están desplazando la compra del producto tradicional en los lineales de las grandes superficies. Por eso, las cosechas se orientan a estas producciones con más demanda en el mercado convencional. El problema no es la falta de voluntad de los productores, sino las dificultades de comercialización.

Diez cosas que debes saber sobre el CRAEGA y la agricultura ecológica

El Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica de Galicia (CRAEGA) se fundó en 1997 bajo el paraguas de la Consellería de Medio Rural. Es la única autoridad de control que certifica este modelo de producción en la comunidad.

1. ¿Qué certifica el CRAEGA?
Según la normativa europea de producción ecológica, el CRAEGA certifica productos agrarios de origen animal o vegetal (transformados y no transformados) destinados a la alimentación humana; piensos; material de reproducción vegetativa y semillas para cultivo; levaduras para consumo humano o animal; y productos de acuicultura ecológica (pescados, algas y moluscos). El Consejo no certifica pesca extractiva o caza.

2. ¿Qué es un producto ecológico?
Es lo que se obtiene a través de técnicas agrarias o ganaderas respetuosas con el medio ambiente y con el bienestar animal, según las directrices que establece la normativa europea. En agricultura ecológica no está permitido el uso de químicos de síntesis como fertilizantes, pesticidas, antibióticos, etc. De lo que se trata es de preservar el medio, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y también de proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales.

3. ¿Cómo es el proceso de certificación?
Es muy sencillo. El primer paso es contactar con el CRAEGA y solicitar la inscripción en los registros. Una vez aprobada la petición, se inicia el proceso de certificación y el Consejo envía al aspirante un Plan de Auditoría. Conforme a este documento, el equipo técnico realiza una visita para evaluar el modelo de producción y el sistema empleado por el operador. Este paso es fundamental para asegurar el cumplimiento de los requisitos. En caso de que sea necesario, también se toman muestras. De la auditoría queda constancia mediante un acta. A continuación, se eleva el informe al comité de certificación, órgano independiente del Consejo.

4. ¿Para qué sirve el sello del CRAEGA?
El sello es la única garantía oficial de que un producto procede de una finca o industria sometida a las inspecciones y controles dictados desde la Unión Europea (UE). En España, se ocupa de su cumplimiento el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en la mayor parte de los casos a través de los consejos o comités autorizados por las diferentes administraciones autonómicas.

5. ¿Qué diferencias hay entre un producto certificado y un producto convencional?
Los productos que llevan el sello del CRAEGA tienen un carné de garantía. La certificación es el único amparo legal que acredita la compra de un producto ecológico de verdad, es decir, que cumple las normas. Además de los controles oficiales que se efectúan a todos los alimentos, los ecológicos son objeto de una certificación adicional que verifica la autenticidad de su origen y su trazabilidad.

6. ¿Qué otros sellos se pueden encontrar en un producto ecológico?
Además de la marca obligatoria que expide cada comunidad autónoma, los alimentos ecológicos certificados también deben incluir el logo europeo de producción ecológica. Este último se excluye en ciertos casos porque los alimentos no se encuentran en el ámbito de la legislación medioambiental de la UE (caza de animales salvajes o pesca extractiva).

7. ¿Por qué el CRAEGA cambia el logotipo?
El cambio de logotipo responde a una orden del Ministerio de Agricultura que afecta a todos los consejos reguladores con actividad semejante en el conjunto del Estado. En Galicia, entró en vigor el 26 de diciembre de 2018 en cumplimiento de una orden de la Xunta. De cara al consumidor, la modificación es casi imperceptible. El diseño (símbolos, formas, colores y tipografía) es casi igual. Lo único que varía es el vocablo situado en el extremo inferior: en lugar de “Galicia” pone “CRAEGA”.

8. ¿Existe un período de convivencia entre el viejo y el nuevo sello?
Sí. Hasta 1 de enero de 2021 -fecha en la que debe estar impuesta la nueva marca- pueden encontrarse en los puntos de venta productos con cualquiera de los dos logotipos. A partir de entonces, en el etiquetado sólo se podrá utilizar la nueva imagen del CRAEGA.

9. ¿Por qué el plátano de Canarias puede llevar el sello del Consejo?
El CRAEGA certifica el proceso de producción de la agricultura ecológica en cualquiera de sus fases: producción, transformación, envasado y comercialización. Puede certificar todas las etapas o solo una. Asimismo, su labor no está ligada a lo que sale de un territorio concreto, algo que sí avalan, sin embargo, una Denominación de Origen (DO) o una Indicación Geográfica Protegida (IGP). Veamos, por ejemplo, el recorrido de un plátano de Canarias que encontramos en la tienda con el sello del CRAEGA. Su viaje comienza cuando una empresa comercializadora inscrita en el Consejo -con su domicilio social en la comunidad- compra este producto en el archipiélago. Lo adquiere a granel y con el correspondiente certificado ecológico en origen. Una vez aquí, se ocupa de envasarlo y etiquetarlo con sus datos, como estipula la normativa de etiquetado.

Para que ese plátano salga a la venta como orgánico, le falta cumplimentar el último paso. La legislación europea es muy estricta y exige que todas y cada una de las fases del proceso -desde que se pone la semilla hasta que llega a la tienda- se controlen rigurosamente. El papel del CRAEGA en este caso es certificar que la cadena se cierra conforme estipula la normativa vigente. Cuando los auditores corroboran que se ajusta a las reglas, se activa el proceso para expedir el sello.

10. ¿Cuántos productos hay certificados?
Hay alrededor de 1.800 productos certificados de diferentes familias: productos vegetales, lácteos y derivados, carnes y derivados, conservas de pescado, productos del bosque y cosecha silvestre, huevos y derivados, piensos y alimentación animal, acuicultura y recogida de algas, etc.

Laura Rodríguez Álvarez, ganadora del sorteo de una cesta de Navidad ecológica

Cesta de Navidad con productos ecológicos certificados por el Craega

Laura Rodríguez Álvarez, con domicilio en Pontevedra, ha resultado ganadora del sorteo promovido polo Consello coincidiendo con Navidad. Organizado a través de la página en Facebook del Craega, la dinámica del juego era muy sencilla. Para participar, solo había que responder a la pregunta ‘Que cenas en Nochebuena?’ realizando un comentario en el post y clicando ‘Me gusta’.

En un período de 10 días, la publicación logró reunir más de 270 comentarios. Tal y como figuraba en las bases, el sorteo se realizó el viernes 21 de diciembre y la afortunada fue Laura Rodríguez. La cesta con productos ecológicos certificados por el Consello se remitió finalmente a la ciudad del Lérez.