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Xosé Santiso: “O Fogar dignifica el rural. No queremos que nadie se avergüence”

Xosé Santiso, propietario del Fogar, en su huerta ecológica de Trasellas (Teo).

Cocina para Cáritas. Ha llevado sus platos ecológicos hasta el comedor de Inditex. La tienda online funciona otra vez para dar salida, entre otros, a las hortalizas y destilados de producción propia con sello del Craega.  Y prepara menús para entregar a domicilio o recoger en el local.  La maquinaria Fogar no para en la pandemia, aun a pesar de que los cinco restaurantes que tiene sembrados por toda Galicia permanecen cerrados. La COVID-19 ha sido un duro golpe, pero también un respiro necesario para probar acciones nuevas y rescatar ideas aparcadas por falta de tiempo. Una consultoría, una aceleradora de empresas, un motor de emprendimiento rural… Xosé Santiso, propietario del negocio, defiende el valor de un proyecto que echó a andar hace un cuarto de siglo con tres pilares clave: sostenibilidad, compromiso rural y economía circular.

O Santiso, como negocio de raíces rurales, ¿es un privilegiado en el contexto de la pandemia?
Es complejo. Nuestro proyecto tiene muchas facetas y ubicaciones distintas. Estamos en el rural, pero también en ámbitos urbanos. Somos casi autosuficientes para poder resistir durante bastante tiempo con una pandemia, pero eso no quita que nos haya dado un duro golpe. Ahora tenemos los cinco restaurantes cerrados y buena parte de la plantilla en un ERTE. Pero en momentos como el verano sí que fuimos unos privilegiados. Tenemos espacio exterior, producción propia y no dependemos de agentes externos. Si hablamos en términos de cultura de empresa, lo que nos trajo el confinamiento fue tiempo. Fogar do Santiso lleva 25 años trabajando para ser un referente de transformación social, ambiental, gastronómico y también del sector primario. Pero siempre prima el hoy y no hay margen para nada más.

¿El suyo es un proyecto en proceso de reinvención constante?
Lo cierto es que a nosotros la covid no nos obligó a reinventarnos. Lo llevamos haciendo dos décadas. Ya en la crisis de 2008 creamos un plan estratégico a 100 años porque pensamos que la sostenibilidad nunca puede ser cortoplacista. Nuestra empresa cuenta con tres patas equilibradas: social, ambiental y económica. La pandemia está dejando muy perjudicada esta última, pero refuerza las otras dos. Con el negocio cerrado al 90%, hay que tener un colchón financiero para subsistir hasta que la situación cambie. O te quedas parado y te pones a llorar o aprovechas ese paréntesis sin ingresos para hacer todo lo que tenías pendiente por falta de tiempo. Y decidimos centrarnos en la puesta en valor y diseñar la hoja de ruta para activar O Fogar consultora, aceleradora, formadora de emprendimiento rural, transformadora social…

¿Entonces este paréntesis obligado ha servido para reactivar el Plan Estratégico de O Santiso?
Cuando tomamos la decisión de crear un Fogar a cien  años, la mayor motivación era dejar una herencia digna a las siguientes generaciones. La restauración y la alimentación deben llevarse al ámbito de la sostenibilidad real. Si no introduces acción en un plan estratégico eres una isla. Hay que saber utilizarlo para educar, transformar gente de tu entorno, generar más valor y lograr que otras organizaciones y administraciones se impliquen. Durante muchos años, nosotros hemos hecho eso mismo. Mirábamos sólo lo que teníamos delante de los pies porque no llegábamos a todo. Ahora ese bagaje nos sirve para invertir en nosotros mismos y explicarle a otros un caso real. Yo creo en la innovación y en la evolución constante. Es la clave para adaptarse a los tiempos y para seguir al frente del cambio.

¿Considera suficientes las medidas que está adoptando la Administración para el sector hostelero?
Aceptamos cualquier medida que haya para el sector. Pero en cuanto a los criterios empleados para establecer las normas, es necesario hacer alguna puntualización. Se adoptan medidas estándar y no se tienen en cuenta las peculiaridades de cada negocio. Cuando un establecimiento está ubicado en una carballeira y hay 10 metros de separación entre las mesas, entiendo que en ese sitio las posibilidades de contagio son menores que en un supermercado. Y si preparas platos para llevar, ¿por qué no comer en la carballeira y no en casa? La Administración debería abrir entornos seguros para la hostelería, al igual que está haciendo con el sector de la cultura. Tenemos locales en cascos urbanos que son muy pequeños y estoy de acuerdo en cerrar. Pero en Teo, Oleiros y Allariz, no. Y para los que no dispongan de espacios exteriores como los nuestros, hay alternativas. Tenemos cocinas móviles que podríamos poner al servicio de otros hosteleros para que se instalen en parques o espacios abiertos de las ciudades.

El servicio de entrega a domicilio es una de las líneas que ha estrenado Fogar do Santiso con la pandemia. ¿La acogida es buena?
La facturación es irrelevante para el volumen de una estructura como la nuestra. Está concebido como una acción de marketing para que la gente vea que sigues ahí y para concienciar sobre el consumo de producto de temporada. Lo que mejor funciona son los combos familiares con una oferta económica muy agresiva. Sacas mercancía casi a coste para que el cliente siga creyendo en ti. Lanzamos una caja de hamburguesas para hacer en casa, organizamos unas jornadas carnívoras, cestas de Navidad con producto local, tenemos otra oferta para llenar la nevera con hortalizas de nuestra huerta… Pero la aceptación es ridícula. No hay concienciación.

¿Está pasando lo mismo con la venta online?
Ya habíamos tenido una tienda online hace muchos años y ahora la reactivamos. Pero no funciona, es solo un complemento. No es posible vender producto local ecológico en tu entorno a través de Internet. En el confinamiento, la gente siguió comprando en las grandes superficies, justo donde no se aporta valor al tejido local. Por eso creemos que las acciones tienen que ser en el origen, en la transformación del consumidor, en los valores que identifican las normativas, en los comités ambientales, en la educación…

¿Qué significa la familia en los orígenes del proyecto Santiso?
Todo. Mi abuelo era una persona muy inventiva. Era músico, construía molinos, contaba historias… Mi padre era poeta, filósofo, músico… Por encima de todo, quería mucho a su tierra. Emigró. Estuvo entre 10 y 12 años en diferentes países, aprendiendo idiomas y conociendo otras culturas. Y cuando volvió para aquí, se hizo agricultor trabajando para terceros. Una persona peculiar. A mí, desde niño me inculcaron ese sentimiento de arraigo, de apego a la tierra. Empecé con mi padre las clases de música con ocho años y también con él me acerqué a la recuperación de tradiciones como la malla, el Entroido… En el 1996 abrimos O Fogar. Lo construimos con la ayuda de los chavales que venían conmigo al instituto. Queríamos hacer un mundo surrealista, traer la ciudad al rural para que vieran su valor. Pero el objetivo sobre todo era que restauración y gastronomía se convirtieran en un medio para transmitir la cultura y las raíces. Creamos una romería permanente, un espacio donde revivir el pasado, donde comer con las manos en el suelo de tierra como si te trasladaras a los tiempos de los Picapiedra… El primer día, recién abiertos, había mil personas en la puerta.

Y desde entonces hasta llegar a los cinco restaurantes…
Lo de abrir restaurantes no es algo que nos  gustara. Ha sido una forma de darle salida a nuestro producto y de mantener la cultura del proyecto. Tenemos una estructura de autoabastecimiento desde 2007. En el rural, la estacionalidad es brutal. Trabajas dos meses en verano y algo los fines de semana durante el resto del año. A partir del 2008, entre la crisis y el carné por puntos, la gente dejó de salir. Y había que buscar alternativas. Pero para hacerlo bien, respetando la trazabilidad y la economía circular, necesitas profesionalizar todos y cada uno de tus departamentos. Si además quieres transmitir el valor que hay detrás de cada plato y respetar tu filosofía empresarial, hace falta volumen. Con lo cual, abrimos por necesidad. Ahora estamos en Teo, Santiago (Santiso Compostela y Taverna Gallega), Oleiros y Allariz. Nos falta el mar. La idea es abrir en las Rías Baixas porque llevamos mucho tiempo comprando producto a la Cofradía de Pescadores de Aldán.

Además de llevar O Santiso al mar, ¿algún otro proyecto entre manos?
Estamos con un proyecto para convertirnos en proveedores de materia prima para el comedor de Inditex a través de Sodexo (gestora del servicio). Ahora que el ritmo de trabajo es muy bajo,  podemos destinar un turno a prepararles productos elaborados. Tenemos infraestructura para hacer, por ejemplo, una croqueta vegana con materia prima 100% orgánica, local y de temporada. Además, desde marzo estamos cocinando para Cáritas porque vemos que existe una necesidad muy grande. A largo plazo, valoramos la  opción de crear una distribuidora de ecológico. Es muy difícil que una empresa externa ponga en valor lo que hay detrás de nuestro proyecto.

¿Cómo imagina O Santiso pospandemia?
El valor del proyecto debe conseguir mucho más peso. Fogar tiene que ser un agente transformador a través del conocimiento y no solo de la comida. La gente que ahora reconoce  lo que hace O  Santiso ya sabe de sostenibilidad y está muy concienciada. Para el resto, es un sitio en el que lo pasas bien, que tiene historia, que es atractivo… Les da igual lo que hay detrás del plato. Estamos en un momento en el que es importante que se perciba lo que hay más allá de la fachada. Nosotros defendemos nuestra tierra y no queremos que las siguientes generaciones se avergüencen del rural. Hay que dignificarlo. 

Hortaliza, fruta y mejillón eco para 14 comedores escolares de toda Galicia

Cremas de calabaza y de calabacín ecológicos para abrir el menú y manzana o kiwi bio para cerrarlo. El Craega llevó producto con sello a 14 centros escolares de toda Galicia -1.919 comensales- en el marco de la campaña Come Local. Promovida por Slow Food Compostela (SFC) con el amparo de la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal), la iniciativa arrancó el 16 de octubre coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación y se está llevando a cabo durante el primer trimestre del curso.

La acción hizo especial hincapié en Santiago y comarca. Con 1.400 usuarios, a la Red Municipal de Comedores Escolares del Ayuntamiento de Ames se destinaron 100 kilos de calabacín certificado. Los equipos de cocina -centralizados en Milladoiro y Ortoño- se encargaron de preparar un nutritivo puré para los siete centros que integran el servicio. En la capital gallega, fueron los pequeños de las escuelas infantiles municipales los que tuvieron ocasión de degustar producto ecológico. Para los 180 niños de Conxo, Fontiñas y Meixonfrío, hubo una apetitosa crema en la que se emplearon 10 kilos de calabaza bio. Y en las meriendas, entre los tres centros se repartieron tres kilos de kiwi y otros tantos de manzana con sello.

A los 80 comensales del CEIP Xacinco Amigo Lera de Portomouro (Val do Dubra) les tocó probar mejillón bio en diferentes versiones: al vapor, con vinagreta de granada, en croquetas, y gratinados con bechamel y queso de la DOP Arzúa-Ulloa.

CHARLAS EN VÍDEO. En el marco de la campaña de SFC, el comedor del CEIP Os Muíños (Muxía) incluyó siete kilos de pollo certificado acompañado de ensalada. De postre, los 127 comensales tuvieron una de las frutas de otoño por antonomasia: la manzana. El mismo producto puso también el cierre al almuerzo ecológico de la Eleven School – Montessori British Education Vigo. Asimismo, los 114 usuarios de la escuela de la ciudad olívica tomaron crema de calabaza.

Ya por último, a Come Local también se sumó la Escuela Infantil Municipal O Bítere, de Barreiros (Lugo). Además de hortalizas y frutas de temporada, el menú incorporó yogures ecológicos.

A mayores de las degustaciones, SFC tenía previsto complementar la acción con una charla por vídeo para explicar a los niños por qué es importante consumir producto local y cómo identificar los diferentes sellos de calidad.

Galicia afianza su liderazgo estatal en leche y pollo ecológicos

En huevos bio, Galicia se sitúa en segunda posición en unidades (23.879.197) por detrás de Andalucía

Leche de vaca, carne de pollo y de cerdo, huevos, mejillones y algas. Son los fuertes del sector ecológico gallego en el conjunto estatal. Territorio productor por excelencia, 18 de cada 100 granjeros censados en España desarrollan aquí su actividad. De hecho, el registro de ganaderos certificados (328) ponen a Galicia en el segundo puesto a nivel nacional, tal y como recogen los datos del Ministerio de Agricultura de 2019. Con el máximo de conserveras de pescado y mariscos (38), el eco autóctono llega hasta la tercera posición en el informe del Gobierno.

En el sector lácteo ecológico, Galicia es la reina indiscutible y continúa sin alcanzar techo. En España, hay 232 granjas y más de la mitad se localizan en la comunidad. Son 119, 10 más que en 2018. El liderazgo se refleja tanto en la cifra de reses (4.770) como en los volúmenes de producción (22.149 t). De aquí sale algo más del 50% de la leche que se certifica en el Estado (40.450 t). Encabezar el sector beneficia a la industria gallega a la hora de ostentar la exclusiva de dos derivados: nata (14 t) y mantequilla (15 t). Por cierto, la producción de nata casi se triplicó en solo un año. Por su parte, el queso eco (67 t) asciende en el último ejercicio del cuarto al tercer puesto por detrás de Madrid y Murcia.

AVE DE CORRAL. Galicia también es una potencia en la producción de aves de corral. Según el informe del ministerio, aquí están 36 de las 109 granjas que existen en España. Aunque es la segunda comunidad en cifra de explotaciones (por detrás de Cataluña), el censo de cabezas de ganado y el volumen de carne le permiten ocupar el primer puesto. De los 968.820 pollos computados en el Estado, 860.464 pertenecen a una explotación gallega. Con un aumento de un 222% en el último año, es precisamente el vertiginoso crecimiento del registro avícola autóctono el que tira de este segmento en el conjunto estatal y favorece que anote una subida próxima al 150%.

De las 36 explotaciones gallegas salieron 84 de cada 100 t de pollo ecológico de las que se produjeron en España. Las 1.614 t que recoge el informe suponen un progreso de un 49,7% en relación al curso anterior.

En huevos bio, Galicia se sitúa en segunda posición en unidades (23.879.197). Producción que procede de las 139.384 gallinas registradas en las 27 granjas que computa el informe.

En lo que a porcino se refiere, hay 17 explotaciones. Son tres más que en 2018, un incremento que lleva a la comunidad a la tercera posición estatal. El sector empuja con fuerza y casi logra duplicar la producción de carne hasta llegar a las 385 t, el 13,6% del total nacional. Sin embargo, no consigue abandonar el cuarto lugar y por delante continúan Aragón, Andalucía y Castilla y León.

El progreso del sector se apoya en el aumento del censo ganadero que, con un avance del 106,8%, alcanza las 9.084 cabezas. Con algo más de la cuarta parte del cerdo ecológico que existe en España, Galicia lidera esta vez el registro nacional.

POTENCIA EN MIEL. Galicia es tercera comunidad en apicultura ecológica y así queda reflejado en todas y cada una de las variables. Cuenta con 35 explotaciones y 14.152 colmenas que cerraron 2019 con una producción de 228,8 t de miel.

Por su propia geografía y gracias a sus 2.500 km de costa, en acuicultura el sector bio gallego no tiene rivales. Los 47 operadores (34 de mejillón y 13 de algas) representan el 77% de los productores especializados en este segmento a nivel estatal.

INDUSTRIAS. El peso de la ganadería ecológica en Galicia es un factor determinante a la hora de desarrollar un tejido industrial que transforme el producto y lo introduzca en el mercado. Con 112 industrias relacionadas con la producción animal, ocupa el tercer puesto en la tabla estatal. 38 se dedican a la elaboración y conservación de pescado, crustáceos y moluscos y llevan a la comunidad a exhibir otro máximo nacional. 31 tienen que ver con la carne; 26 fabrican productos alimenticios de origen animal y 17 están vinculadas a los lácteos.

Aun a pesar de que la industria eco gallega no desempeña un papel relevante en el conjunto nacional, año tras año adquiere mayor protagonismo. Las empresas especializadas en elaborar y comercializar producto bio casi se cuadriplicaron en Galicia en la última década y hoy representan ya el 25,7% del censo del Craega. Con 62 inscritos, las comercializadoras crecieron en el último curso cerca de un 35%.

INFORME MAPA 2019: https://bit.ly/2Hq0RK2

INFORME CRAEGA 2019: https://bit.ly/2J4dFpQ

Curso online gratuito sobre emprendimiento en el medio rural

La Red Rural Nacional (RRN) pone en marcha la tercera edición del ‘Curso online sobre emprendimiento en el medio rural’. Con comienzo previsto el 23 de noviembre, tendrá una duración aproximada de cuatro semanas.

Integrado en el Plan de Acción 2020, su objetivo es promover la transferencia de conocimiento, aunque esta vez está especialmente enfocado a fortalecer las iniciativas en el medio rural y a explicar las herramientas para llevarlas a cabo. El curso ofrece a los emprendedores la oportunidad de profundizar en el diseño de un Plan de Negocio, la adquisición de habilidades para afrontar la comercialización de productos y servicios, la comunicación, la cooperación y la generación de sinergias. Una vez concluido el curso, los alumnos presentarán su propio proyecto de emprendimiento, aplicando los conocimientos adquiridos.

La formación está diseñada específicamente para aquellas personas que han empezado su actividad hace poco y que desean introducir mejoras, diversificar su negocio y/o ahondar en sus conocimientos.

FORMATO ONLINE. Los alumnos tienen la opción de seguir las sesiones en directo o en diferido. Es obligatoria, sin embargo, la realización de ciertas tareas como la participación en foros, los cuestionarios semanales y la presentación del proyecto final en los plazos señalados.

Al finalizar el curso, todos los participantes que habían superado las pruebas de evaluación recibirán un certificado de aprovechamiento. Además, se otorgará un especial reconocimiento a los siete proyectos de emprendemento mejor valorados. Acreditado por el Ministerio de Agricultura, las iniciativas se difundirán a través de la web de la RRN, su boletín, su revista y en las distintas redes sociales.

La inscripción es gratuita. Las solicitudes pueden realizarse hasta el 16 de noviembre (incluido) completando el cuestionario de este enlace:

https://es.surveymonkey.com/r/3Ed_CEMR

Dolores Raigón: “En agricultura convencional se sigue agrediendo al planeta sin coste alguno”

Dolores Raigón Jiménez, vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE). Foto: SEAE

Lo ecológico tiene por delante un escenario esperanzador, siempre y cuando la política no frustre sus expectativas. Lo dice M.ª Dolores Raigón Jiménez (Montilla, Córdoba, 1961), doctora en Ingeniería Agrónoma y catedrática de Edafología y Química Agrícola por la Politécnica de Valencia, además de profesora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural. También ocupa el cargo de vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE). Pocas voces hay en España tan autorizadas como la suya para analizar la realidad de la producción ecológica. En plena pandemia publicó Manual de la nutrición ecológica. De la molécula al plato (SEAE, 2020), un libro en el que trata sobre el qué, cómo y de dónde comer.

Producto eco vs. convencional. ¿Hay algún dato objetivo que avale que el primero es mejor que el segundo?
A fecha de hoy tenemos datos procedentes de investigaciones científicas que nos indican que los alimentos ecológicos son seguros porque no exponen a los consumidores a residuos de plaguicidas sintéticos. La exposición a antibióticos, microorganismos, nitratos, metales pesados u organismos genéticamente modificados (OGM) es muy escasa o nula. Además, desde el punto de vista nutricional, las concentraciones de los nutrientes en los alimentos bio se ajustan a los niveles estándar de composición y en algunos parámetros se superan significativamente, presentando mayores contenidos en vitamina C, antioxidantes totales, minerales y ácidos grasos omega 3 (ω3) y omega 6 (ω6). Sin olvidar que existen otros beneficios asociados gracias a la contribución que la agricultura ecológica realiza al medio ambiente, la biodiversidad, el paisaje, la transmisión del conocimiento patrimonial agrícola y ganadero, o cuestiones relacionadas con el relevo generacional de las explotaciones.

¿Son sólo evidencias o existen estudios científicos que realmente sostengan afirmaciones del tipo “los productos ecológicos son más saludables”?
Las evidencias vienen de los estudios científicos publicados, las intuiciones son las que tienen otros orígenes. La influencia de los modelos dietéticos y nutricionales tuvo una repercusión sobre la salud. De hecho, se reconoció un aumento de ciertas enfermedades crónicas, no contagiosas, como consecuencia de la dieta y los hábitos de vida. En cualquier caso, las investigaciones que avalan los efectos de los alimentos ecológicos son pocas porque resultan muy costosas.
Aun así, en informes publicados se indica que la dieta bio reduce los factores de riesgo cardiovascular, tanto en individuos sanos como enfermos. Algunos argumentos científicos sugieren un fuerte papel protector de la frecuencia de consumo de alimentos orgánicos con respecto al riesgo de padecer diabetes tipo 2 e hipertensión en varones, sobrepeso y obesidad. Concluyen que las pautas nutricionales deben ser revisadas en función de las prácticas agrícolas ejecutadas en la producción de alimentos.
Incluso en algún trabajo se encuentran relaciones de tipo emocional, indicando que, para el adulto de mediana edad, la elección de un estilo de vida basado en una dieta ecológica constituye una conexión con aspectos como la identidad, los valores y el bienestar. Por último, la no presencia de residuos fitosanitarios constituye un beneficio evidente para la salud.

¿Qué hay detrás de esos estudios y/o noticias que, con cierta frecuencia, agreden a la agricultura ecológica?
Sistemáticamente se vienen produciendo ataques al sistema de producción ecológico de forma directa o con mensajes tendenciosos. Muchos de los argumentos en los que se basan estos ataques se retroalimentan de las mismas fuentes y en algunos casos son argumentos manipulados, no coincidentes con el mensaje original. Quiero insistir en que la alimentación y la agricultura ecológicas responden a una demanda de la sociedad que exige medidas sobre la protección del medio ambiente y la calidad de los alimentos, haciendo especial hincapié en las limitaciones y en las consecuencias de la producción ecológica. Hablar de agricultura ecológica es hablar de biodiversidad. Mantener la fertilidad del suelo implica el incremento de sus microorganismos, algo que es necesario para respetar los ciclos elementales de la materia orgánica.
La sanidad vegetal debe realizarse a través del equilibrio del ecosistema, aplicando técnicas como la introducción de setos o la implantación dentro de la misma parcela de técnicas de asociación y rotación de cultivos. En ganadería, la introducción de variedades y razas autóctonas le da al territorio un considerable valor añadido… Si esta es la realidad de la producción ecológica, ¿hasta cuándo nuestros agricultores y ganaderos deben estar pidiendo perdón por hacer las cosas bien y pagar para que quede constancia de ello? Mientras tanto, en agricultura convencional se sigue agrediendo al medio ambiente y a la salud global del planeta sin coste alguno.

Por continuar rebatiendo a los detractores de este modelo, ¿qué ventajas tiene para la salud consumir alimentos eco?
Insisto en la dificultad que requiere obtener resultados científicos en el plano de la salud. En cualquier caso, el concepto de salud abarca la totalidad y la integridad de los sistemas vivos. No se trata sólo de la ausencia de enfermedad, sino del mantenimiento del bienestar físico, mental, social y ecológico de los individuos y sus ecosistemas. De este modo, los suelos saludables producen cultivos saludables que fomentan la salud de los animales y de los seres humanos y del planeta como uno e indivisible. La inmunidad, la resiliencia y la regeneración son características clave de la salud. Todo esto, unido a que los alimentos bio no presentan residuos químicos de síntesis ni OGM y tienen mayor valor nutricional, lleva a concluir que sin duda son mejores para la salud.
Así mismo, también existen evidencias de la mayor concentración de sustancias de carácter antioxidante en los alimentos de producción orgánica debido a que las prácticas de fertilización y de sanidad vegetal generan más mecanismos de defensa entre la propia planta. El resultado es la síntesis de sustancias beneficiosas para el organismo. En los productos de origen ganadero la presencia de mayor fracción de ácidos grasos mono y poliinsaturados constituye también una de las aportaciones más importantes para la salud.

¿Y para el medio ambiente?
Existe un gran número de variables ambientales a favor de las técnicas de agricultura y ganadería ecológicas. Las explotaciones bajo este sistema de producción presentan menor lixiviación de nitratos, fósforo y productos fitosanitarios, contribuyendo a la mayor calidad de las aguas subterráneas y superficiales. La lixiviación, al igual que las emisiones de óxido nitroso y de amoníaco, se reduce por unidad de superficie productiva. La degradación severa de los ecosistemas marinos y de agua dulce en todo el mundo está vinculada al uso excesivo de fertilizantes nitrogenados y fosforados, lo que provoca la eutrofización del agua dulce y la producción de zonas hipóxicas en aguas costeras.
Además, los impactos ambientales de la agricultura ecológica se limitan mucho en la medida en que no se emplean moléculas químicas de síntesis persistentes en el sistema. La agricultura ecológica recurre a técnicas que buscan mantener el equilibrio natural y, de ser el caso, las sustancias que utiliza responden a una composición equivalente a su presencia en la naturaleza.

Explíquenos los peligros para la salud de los fitosanitarios y químicos que se utilizan en cultivo convencional.
No soy partidaria de generar miedos o proyectar sensacionalismos sobre este tema, pero la exposición humana a los fitosanitarios es un hecho bien estudiado en los últimos años. Existe información de los efectos agudos de estos productos en casos de intoxicación por exposiciones a las sustancias químicas presentes en los mismos. Son conocidos los trabajos sobre incidencia y mortalidad por cáncer (cerebro, pulmón, ovario, próstata, sarcomas de partes blandas y algún tipo de leucemia) en agricultores, cuyo riesgo es superior al resto de la población general. También tienen algunas consecuencias sobre el desarrollo y funcionalidad de diferentes órganos y sistemas: alteraciones neurológicas, reproductivas, endocrinas o inmunológicas, e incluso fracasos funcionales y cambios importantes del comportamiento. Por eso, considerando valores globales, los alimentos ecológicos muestran evidencias científicas de ser más seguros, ya que no presentan residuos fitosanitarios.
En un estudio del servicio de investigación del Parlamento Europeo, se concluye que los residuos en frutas y verduras producidas por técnicas convencionales constituyen la principal fuente de exposición a plaguicidas en humanos.

La crisis económica derivada de la pandemia ha mermado el poder adquisitivo de muchas familias. ¿Esto supone un freno para la tendencia ascendente que venía manifestando el consumo de productos eco?
Todo lo contrario. Lo que se ha visto en los momentos de la pandemia, marcada por la crisis sanitaria, ecológica, social y medioambiental, es que los consumidores han priorizado la alimentación frente a otras ofertas de consumo. En resumen, la preocupación por la situación se ha traducido en compra positiva de productos bio.

¿Conviene entonces ahora insistir, más que nunca, en que los alimentos ecológicos no son caros?
Aunque los estudios demuestran que una menor renta aumenta la búsqueda de precios económicos en los alimentos, esta tendencia está muy relacionada con el rol que los consumidores le asignen. En el plano negativo, un coste elevado significa que se debe hacer un sacrificio. Por el contrario, un enfoque positivo señala alta calidad del producto. En general, los alimentos baratos suelen tener altos contenidos en grasa y en azúcar, cuyo consumo según las pautas dietéticas actuales debe reducirse por sus consecuencias para la salud pública. Por eso, el ingreso es sólo un factor explicativo parcial y es sustituido por otras variables sociodemográficas, educacionales, de salud, presencia de menores en el hogar, etc., que eliminan la barrera de los precios altos. En este sentido los alimentos ecológicos nunca han sido caros.
Si el consumo de los alimentos incluyera los valores reales de los costes ambientales y del sistema de salud, el modelo de producción convencional dominante saldría muy mal parado frente al ecológico.

¿Le parece positivo para el sector que se aplace la entrada en vigor del nuevo reglamento de producción ecológica?
Atendiendo al trabajo que faltaba para su entrada en vigor en los diferentes territorios, creo que el aplazamiento ha sido una buena decisión.

¿España está preparada para cumplir el Pacto Verde Europeo y hacer su contribución para que el 25% de la superficie agraria de la UE sea ecológica en el horizonte de 2030?
Creo que España está en el buen camino, pero debe priorizar los esfuerzos y realizar una mayor apuesta por la producción ecológica. Se ha demostrado que los productores han realizado bien sus deberes y también que los consumidores están entrando en el buen planteamiento (de ahí el incremento en la oferta y la demanda de alimentos bio). Sin embargo, falta valentía política a la hora de tomar decisiones que apoyen al sector.

A modo de conclusión, ¿qué escenario se presenta a corto-medio plazo para el sector ecológico?
Un escenario esperanzador, pero tengo la sensación de que le va a tocar un esfuerzo extra a productores y consumidores. Desconfío de las agendas políticas o de las decisiones de lavado en verde que están tomando algunas instituciones.


Un manual para desgranar los nutrientes de los alimentos eco

En Manual de la nutrición ecológica. De la molécula al plato (SEAE, 2020), Dolores Raigón realiza una profunda evaluación bioquímica de los nutrientes y su presencia en los alimentos, tanto ecológicos como convencionales. El objetivo de esta primera parte (capítulos 1 al 8) es entender con un lenguaje accesible de qué moléculas se habla cuando se citan los nutrientes, cómo el modelo agrícola, ganadero y de transformación puede influir en su acumulación, y la importancia que tienen en la concentración selectiva de los alimentos.

En el siguiente tramo del libro (capítulos 9 al 16), la autora hace un barrido descriptivo por los alimentos más representativos en la nutrición y con un consumo más generalizado (cereales, legumbres, frutas, verduras frescas, frutos secos, leche y derivados) o de origen ganadero (huevo, carnes de pollo, conejo y ternera) y acuícola. Ya por último, se elabora una dieta semanal teórica cumpliendo las necesidades nutricionales diarias, en función del origen bio o no de los alimentos.

Raigón concluye que los productos orgánicos pueden tener unas consecuencias positivas sobre la salud porque, en el proceso de producción, se garantiza el incremento de nutrientes, la ausencia de residuos químicos y el aumento de las sustancias bioactivas.


 

Trasdeza Natur: una huerta ecológica de premio

María José Tallón García (Trasdeza Natur) sosteniendo la distinción que le ha otorgado el Ministerio en los XI Premios de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales. Foto: MAPA

El Agader 2018, el segundo premio Semente Ribeira Sacra y ahora el que otorga el Ministerio de Agricultura a las mujeres rurales con mejores ideas. María José Tallón García, fundadora de Trasdeza Natur, no deja de recibir reconocimientos por la huerta ecológica que montó en Silleda (Pontevedra). “Es el resultado de mucho esfuerzo y trabajo. Tenemos muy claro el modelo de negocio que debemos seguir”, señala. Certificado por el Craega y con un sistema pionero para deshidratar frutas y verduras con energía solar, su proyecto la llevó a recoger días atrás en Madrid el tercer galardón de los XI Premios de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales en la categoría de actividad agraria.

Tallón siempre supo que ámbito rural, agricultura ecológica y tecnología sostenible pueden ir de la mano. En 2016, se quedó sin trabajo y fue entonces cuando comenzó a pensar en la finca familiar como opción de autoempleo. Economista de formación, para profesionalizar la explotación de alrededor de 6.000 m2 hizo una inmersión inicial en el sector primario a través de varios cursos y talleres que le dieron una visión más técnica. Quería cultivar vegetales sin tratamientos químicos, pero también transformar el producto para llegar a nuevos nichos de mercado.

“Montamos el obrador y nos dimos cuenta de que la deshidratación era la forma de transformar que más respeta el producto natural porque conserva la mayoría de sus propiedades”, explica. No fue sencillo encontrar una tecnología que cumpliera con su filosofía. Después de hacer contactos en Centroamérica, Tallón dio con una solución mucho más cerca, en la Universidad de Santiago (USC). En la Facultad de Física estaban trabajando con un prototipo de secadero solar para algas y se pusieron de acuerdo para adaptarlo a su huerta.

En uno de los extremos de la huerta ecológica se sitúan los paneles solares que abastecen el taller.  Foto: TN

En 2017, Trasdeza Natur comenzó con la transformación de producto. “Fuimos mejorando la máquina de la USC poco a poco y adaptándola a nuestras condiciones con el objetivo de conseguir autonomía y huella de carbono cero”, añade. Aprovechando la energía solar y sin emisión alguna, lo que obtiene son frutas y verduras deshidratas con sello ecológico para consumir con yogur, cereales o como snack saludable.

LOS EFECTOS DE LA COVID. La pandemia en Trasdeza Natur tiene un doble efecto: ralentizó proyectos a punto de ver la luz y ha dado un discreto empujón a las ventas online. “Notamos más interés a nivel local, pero es cierto que mucha gente de la ciudad vino al rural durante el confinamiento y cultiva su propia huerta”, comenta Tallón. A su clientela, fundamentalmente de la zona, le sirven hortalizas y frutas de temporada en formato fresco y deshidratado. Pueden comprar a través de la web y recibirlo en la casa (servicio en Silleda y alrededores).

En un futuro, su intención es continuar desarrollando la tecnología que tanta fama le ha dado al proyecto y sacar nuevos productos deshidratados y en mayores cantidades.

LA CERTIFICACIÓN. La huerta de Silleda nació con la convicción de que lo sello del Craega era una de sus piedras angulares. “Para nosotros es una garantía de calidad. Es una manera de cerciorarte de que haces las cosas bien porque hay un agente externo que, con un punto de vista oficial, certifica que es así”, recalca Tallón.

“En el rural hay muchos caminos por explorar y ahora debería estar más vivo que nunca. Emprender es viable y da muchas satisfacciones. Sólo el hecho de estar en contacto con la naturaleza genera tranquilidad”, concluye para animar a las nuevas generaciones.


La laguna, una depuradora natural para el riego

El proyecto sostenible de Trasdeza Natur cuenta también con una laguna para reutilizar el agua del taller y destinarla al riego. Con el objetivo de evitar vertidos al terreno o a la cuneta, se optó por instalar un sistema de depuración con plantas que permite eliminar los residuos sin dañar el medio ambiente y además darle un nuevo uso al agua.

De hecho, la empresa cuenta con el sello de calidad turística en destino (categoría turismo industrial) y, periódicamente, recibe visitas de centros escolares, escuelas técnicas, profesionales, etc. Las entradas se pueden comprar en la web.

La laguna está totalmente cubierta de plantas y funciona como un filtro verde. Foto: TN

Biofach 2021 cancela el formato presencial y se celebrará online

Ocho empresas certificadas se sumaron al ‘stand’ agrupado que el Craega organizó en Biofach 2020. Foto: Craega

Biofach 2021, la feria líder mundial del sector orgánico, se celebrará únicamente en formato digital. La entidad organizadora, NürnbergMesse, adopta esta decisión en respuesta al complejo escenario derivado de la pandemia. La edición online tendrá lugar entre el 17 y el 19 de febrero. La próxima cita en el recinto de la ciudad germana queda postpuesta hasta 2022.

“Lamento que la feria física no pueda celebrarse y recalco que esta decisión fue extremadamente difícil para todos nosotros”, señala Petra Wold, miembro del consejo de administración de NürnbergMesse, en un comunicado. La suspensión llega después de realizar una encuesta entre expositores y visitantes y, también recogiendo su parecer, la organización ha considerado conveniente promover un encuentro digital.

Siete empresas eco gallegas había previsto participar en el estand agrupado que el Craega estaba organizando para la convocatoria de 2021.

EDICIÓN DIGITAL. Pendiente de presentar el programa definitivo, desde NürnbergMesse avanzan que eSpecial Biofach/Vivaness ofrecerá presentaciones corporativas y de productos, así como plataformas de diálogo para que los profesionales del sector puedan establecer contacto.

Por otra parte, también brindará a la comunidad ecológica la opción de sumarse al congreso que tradicionalmente se celebra coincidiendo con la feria. El tema principal de 2021 será ‘Dar forma a la transformación. Más fuerte. Juntos’.

Rocío García (SFC): “Nos cuesta valorar el producto gallego. La gama alta se asocia a lo de fuera”

Rocío García Carregal, secretaria de Slow Food Compostela (SFC). Foto: SFC

Slow Food es un movimiento que nace en Italia en los años 80 del pasado siglo con una filosofía muy clara: volver a la tradición preservando la cultura y la gastronomía autóctonas de cada zona. En Galicia dio sus primeros pasos en el 2008, pero no sería hasta 2015 cuando se funda una asociación con personalidad jurídica propia en Santiago. Bajo el icono del caracol, la entidad desarrolló la marca Restaurante Km 0, un proyecto de comedores escolares y la campaña Come Local. En el marco de esta última iniciativa, la entidad lleva a cabo las rutas Xantares de Vagar, eventos culinarios que -de septiembre a noviembre- recorren toda la comunidad con el objetivo de exaltar los productos de calidad certificada, entre ellos los del Craega. Con varios operadores ecológicos asociados, Slow Food Compostela (SFC) es una firme defensora de la agricultura sostenible. Hablamos con su secretaria en la capital gallega, Rocío García Carregal.

¿Qué efectos está provocando la pandemia en SFC? ¿Hay más interés por parte del consumidor?
Desde SFC notamos un cambio en los hábitos de consumo debido a la pandemia. Antes del escenario de la COVID-19, hablar de la importancia de la compra directa a los pequeños agricultores o incluso al comercio local, era solo para una parte de la población muy concienciada. Pero vimos cómo en medio de la cuarentena, la gente comenzó a tener miedo de sufrir un desabastecimiento alimentario. Llegamos a tener que comunicar que nuestros socios seguían trabajando con normalidad para tranquilizar a la gente que nos preguntaba. Comenzamos a ver cómo tornaba el consumo de quinta gama en producto fresco y que la gente evitaba las grandes superficies buscando directamente a los productores. Fueron muchos los socios que nos contaron cómo subió la demanda, y cómo incluso muchos de los consumidores se acercaban en su propio vehículo a las explotaciones para comprarles allí el producto.

El problema lo vivieron más los productores medianos o grandes, que trabajaban con restauración y que vieron cómo, de un día para otro, su canal de comercialización quebraba. Esto les obligó a reconvertirse en medio de la pandemia. Toda la digitalización que no se había hecho en muchos años, se tuvo que implementar en poco más de dos meses. Desde la asociación intentamos ayudar para crear estas redes, asesorándoles y buscando soluciones logísticas. A día de hoy, algunos socios que no disponían ni de página web cuentan con un marketplace propio o en multiplataforma.

La tendencia de este tipo de consumo llegó para quedarse. La crisis que estamos viviendo ha despertado una conciencia en el consumidor que busca hacer una compra responsable con su entorno socioeconómico.

Se habla de dos corrientes de consumo tras la COVID-19: producto eco y saludable vs. marcas blancas. ¿Cuál gana?
Las dos. Por una parte, está el segmento de la población que mantiene un poder adquisitivo medio o alto y que se preocupa cada vez más por lo que come. Ya se podía encontrar ese interés entre las personas con problemas previos de salud o niños a su cargo. Pero ahora vemos que ese interés está más presente por la relación de la alimentación con el sistema inmunológico. La gente comienza a tomar conciencia de la importancia de lo que consume de manera habitual y no le importa invertir un poco más en comer mejor.

Pero en el otro lado está la población que está viviendo las consecuencias de la crisis económica. Mucha gente vio mermar su poder adquisitivo significativamente y dejó de poder acceder a productos de buena calidad. En familias donde se está viviendo una situación de carestía, la cesta de la compra se llena primando el precio y no la calidad. Esto acabará sin duda ocasionando un problema secundario de salud a medio y largo plazo.

¿El gallego está realmente concienciado con el producto local? ¿Le da valor a lo que está cerca?
La verdad es que no. Es una lucha constante. No sé si es por nuestro carácter, pero no tenemos ese orgullo de lo nuestro como el que encontramos en otras regiones. Desde SFC siempre nos fijamos en el valor que le dan a lo suyo en el País Vasco, por ejemplo, donde priorizan sus productos por encima de las importaciones. Aquí asociamos lo de casa como gama media y lo de importación como gama alta. Nos cuesta tomar conciencia de la riqueza gastronómica que tenemos y muchas veces le damos más valor a gastronomías más exóticas. Pocas regiones pueden presumir de tener carnes de tan excelente calidad como las nuestras, pescados y mariscos con tanta variedad, legumbres, verduras y frutas frescas… Tenemos una biodiversidad alimentaria tremenda, pero aún comenzamos ahora a darle valor. Poco a poco parece que empezamos a vernos como somos de verdad y no como la caricatura que se ve reflejada desde fuera. Galicia es mucho más que pimientos, pulpo y mariscadas, y aunque no fuéramos más, seríamos muy ricos.

En Galicia, la ‘fast life’ todavía no ha conquistado, por fortuna, porcentajes significativos del territorio. ¿Qué obstáculos encuentran para promocionar los valores de SFC?
Muchas veces nos encontramos con muchos prejuicios por el precio. Depende mucho del segmento con el que tratemos. Si estamos hablando con restauración, dan por sentado que comprar en una gran superficie va a ser más barato, cuando no siempre es así. Y si hablamos con consumidor final, a veces percibimos un gran desconocimiento de los productos locales y los canales donde  conseguirlos.
Aun así, encontramos un tímido cambio, acelerado en parte por la covid, donde el consumidor toma conciencia de lo que compra y las implicaciones ambientales y socioeconómicas que tiene.

Alimentación industrial, transgénicos, globalización, pérdida de biodiversidad… ¿Qué foto podemos hacer de Galicia?
Es un tema muy amplio y complicado. Para resumirlo diría que no hay formación casi ninguna al respecto. La gente tiene cada vez más interés por lo que consume, pero las fuentes dónde se informa no son las idóneas. Pienso que muchas veces la culpa es nuestra, de los perfiles más técnicos, porque no sabemos transmitir la información de una manera más clara y sencilla.

Para nosotros, por pertenecer a la Fundación Internacional Slow Food, el tema de la biodiversidad es una prioridad y, sin embargo, vemos cómo se consume toda la riqueza patrimonial que tenemos en nuestra tierra. Un ejemplo es el maíz. Galicia contaba con una riqueza genética tremenda. El Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM) clasificó más de 500 variedades, pero en el registro nacional de semillas sólo están catalogadas una docena. A los problemas de comercialización que esto supone, tenemos que sumar la complicación de producirlo en un radio de hibridación con otras variedades. Además, el productor va a encontrar muchísimos problemas para moler la harina, ya que la mayoría de molinos tradicionales están dentro de vuestra red, del Craega, y no se le permite llevar el maíz por el peligro de contaminación con las variedades transgénicas. Para mí es un buen ejemplo de cómo los OGM están afectando a nuestra biodiversidad.

Con las frutas (manzanas, peras o tomates) podríamos contar la misma historia. Las variedades híbridas comerciales, más vistosas y homogéneas, están desplazando la compra del producto tradicional en los lineales de las grandes superficies. Por eso, las cosechas se orientan a estas producciones con más demanda en el mercado convencional. El problema no es la falta de voluntad de los productores, sino las dificultades de comercialización.

El Craega estrena una miniserie de videorrecetas con productos ecológicos

El chef Martín Mantilla Rodríguez durante la grabación de una de las ecorrecetas para la miniserie del Craega. Foto: Craega

El Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega) quiere acercar el producto certificado al consumidor gallego conquistando su paladar. Con los alimentos de verano como protagonistas, la entidad acaba de estrenar una miniserie de videorrecetas sencillas y para todos los bolsillos. Los cuatro capítulos ya están disponibles en la web corporativa (www.craega.es) y en el canal de Youtube.

Embajador veterano de la marca, el chef monfortino Martín Mantilla Rodríguez (restaurante Berso, Sober) se pone una vez más el delantal del Craega para cocinar los cuatro platos ecológicos elegidos para esta primera entrega. Siguiendo sus indicaciones paso a paso, cualquiera es capaz de preparar en su casa un menú con productos certificados sin demasiados quebraderos de cabeza.

Para comenzar, unos canelones de calabacín rellenos de verduras con vinagreta de alga de percebe. Después arroz cremoso de lechugas con mejillones en escabeche. Mantilla se atreve también con otra propuesta ligera para aliviar las elevadas temperaturas del verano: ensalada de temporada con crema de tomate, yemas de espárragos, bonito y queso. Ya por último, y para cerrar la miniserie, un postre con gazpacho de fresas.

Todos los capítulos de la miniserie están ya disponibles en la sección ‘videoteca’ recién creada en www.craega.es y en los perfiles oficiales del Consello en redes sociales: Youtube, Facebook, Instagram y Twitter.

PROMOCIÓN ONLINE. A causa de la pandemia, el Craega está redoblando los esfuerzos para redirigir sus estrategias de promoción hacia los canales digitales. Además de la miniserie de videorrecetas, a finales de agosto organizó por primera vez una jornada de formación online.

Con la ganadería ecológica como eje temático, cinco expertos ofrecieron sesiones en directo a través del perfil oficial de Facebook del Consello. Todas las sesiones están disponibles en la videoteca de www.craega.es.

Además, entre lo 5 y el 7 de noviembre, la entidad participará en la primera edición virtual de Biocultura, la feria ecológica por antonomasia en la Península. A través de Intereco, la asociación que agrupa a las autoridades públicas de control de agricultura ecológica de España, el Consello intervendrá en diferentes actividades.

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El Craega aprueba una rebaja de tasas del 20% a causa de la COVID-19

Los operadores ecológicos se beneficiarán de una reducción del 20% en la tasa que abonan semestralmente en concepto de declaración de ventas. Es la decisión que adoptó el Pleno del Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega) en la sesión celebrada el pasado 16 de junio. Con esta medida, el órgano rector pretende ahorrar costes a las empresas certificadas y contribuir así a la reactivación del sector tras el parón económico derivado de la COVID-19.

Aprobado de forma excepcional para paliar los efectos de la pandemia, el descuento se aplicará en la tasa correspondiente al primer semestre de 2020. En virtud del acuerdo, los inscritos ingresarán al Consello el 0,4% del importe total de sus ventas -excluido IVA- en lugar del 0,5%, tal y como se venía haciendo hasta ahora. La modificación de la cuota se traduce en un recorte de un 20% en la exacción.

Desde el servicio de administración del Consello, ya se ha comenzado a solicitar a los inscritos la declaración de ventas con la rebaja extraordinaria incluida. Los operadores tienen de plazo hasta el 1 de septiembre para realizar el pago.

Decretado el 14 de marzo y vigente en Galicia hasta el 15 de junio, el estado de alarma tuvo un fuerte impacto en la actividad empresarial. En el sector agroalimentario, el cierre de los canales de distribución convencionales (hostelería y mercados tradicionales) se tradujo en caídas de ventas por encima del 50% o incluso en la suspensión total de las transacciones.