Dolores Raigón: “En agricultura convencional se sigue agrediendo al planeta sin coste alguno”

Dolores Raigón Jiménez, vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE). Foto: SEAE

Lo ecológico tiene por delante un escenario esperanzador, siempre y cuando la política no frustre sus expectativas. Lo dice M.ª Dolores Raigón Jiménez (Montilla, Córdoba, 1961), doctora en Ingeniería Agrónoma y catedrática de Edafología y Química Agrícola por la Politécnica de Valencia, además de profesora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural. También ocupa el cargo de vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE). Pocas voces hay en España tan autorizadas como la suya para analizar la realidad de la producción ecológica. En plena pandemia publicó Manual de la nutrición ecológica. De la molécula al plato (SEAE, 2020), un libro en el que trata sobre el qué, cómo y de dónde comer.

Producto eco vs. convencional. ¿Hay algún dato objetivo que avale que el primero es mejor que el segundo?
A fecha de hoy tenemos datos procedentes de investigaciones científicas que nos indican que los alimentos ecológicos son seguros porque no exponen a los consumidores a residuos de plaguicidas sintéticos. La exposición a antibióticos, microorganismos, nitratos, metales pesados u organismos genéticamente modificados (OGM) es muy escasa o nula. Además, desde el punto de vista nutricional, las concentraciones de los nutrientes en los alimentos bio se ajustan a los niveles estándar de composición y en algunos parámetros se superan significativamente, presentando mayores contenidos en vitamina C, antioxidantes totales, minerales y ácidos grasos omega 3 (ω3) y omega 6 (ω6). Sin olvidar que existen otros beneficios asociados gracias a la contribución que la agricultura ecológica realiza al medio ambiente, la biodiversidad, el paisaje, la transmisión del conocimiento patrimonial agrícola y ganadero, o cuestiones relacionadas con el relevo generacional de las explotaciones.

¿Son sólo evidencias o existen estudios científicos que realmente sostengan afirmaciones del tipo “los productos ecológicos son más saludables”?
Las evidencias vienen de los estudios científicos publicados, las intuiciones son las que tienen otros orígenes. La influencia de los modelos dietéticos y nutricionales tuvo una repercusión sobre la salud. De hecho, se reconoció un aumento de ciertas enfermedades crónicas, no contagiosas, como consecuencia de la dieta y los hábitos de vida. En cualquier caso, las investigaciones que avalan los efectos de los alimentos ecológicos son pocas porque resultan muy costosas.
Aun así, en informes publicados se indica que la dieta bio reduce los factores de riesgo cardiovascular, tanto en individuos sanos como enfermos. Algunos argumentos científicos sugieren un fuerte papel protector de la frecuencia de consumo de alimentos orgánicos con respecto al riesgo de padecer diabetes tipo 2 e hipertensión en varones, sobrepeso y obesidad. Concluyen que las pautas nutricionales deben ser revisadas en función de las prácticas agrícolas ejecutadas en la producción de alimentos.
Incluso en algún trabajo se encuentran relaciones de tipo emocional, indicando que, para el adulto de mediana edad, la elección de un estilo de vida basado en una dieta ecológica constituye una conexión con aspectos como la identidad, los valores y el bienestar. Por último, la no presencia de residuos fitosanitarios constituye un beneficio evidente para la salud.

¿Qué hay detrás de esos estudios y/o noticias que, con cierta frecuencia, agreden a la agricultura ecológica?
Sistemáticamente se vienen produciendo ataques al sistema de producción ecológico de forma directa o con mensajes tendenciosos. Muchos de los argumentos en los que se basan estos ataques se retroalimentan de las mismas fuentes y en algunos casos son argumentos manipulados, no coincidentes con el mensaje original. Quiero insistir en que la alimentación y la agricultura ecológicas responden a una demanda de la sociedad que exige medidas sobre la protección del medio ambiente y la calidad de los alimentos, haciendo especial hincapié en las limitaciones y en las consecuencias de la producción ecológica. Hablar de agricultura ecológica es hablar de biodiversidad. Mantener la fertilidad del suelo implica el incremento de sus microorganismos, algo que es necesario para respetar los ciclos elementales de la materia orgánica.
La sanidad vegetal debe realizarse a través del equilibrio del ecosistema, aplicando técnicas como la introducción de setos o la implantación dentro de la misma parcela de técnicas de asociación y rotación de cultivos. En ganadería, la introducción de variedades y razas autóctonas le da al territorio un considerable valor añadido… Si esta es la realidad de la producción ecológica, ¿hasta cuándo nuestros agricultores y ganaderos deben estar pidiendo perdón por hacer las cosas bien y pagar para que quede constancia de ello? Mientras tanto, en agricultura convencional se sigue agrediendo al medio ambiente y a la salud global del planeta sin coste alguno.

Por continuar rebatiendo a los detractores de este modelo, ¿qué ventajas tiene para la salud consumir alimentos eco?
Insisto en la dificultad que requiere obtener resultados científicos en el plano de la salud. En cualquier caso, el concepto de salud abarca la totalidad y la integridad de los sistemas vivos. No se trata sólo de la ausencia de enfermedad, sino del mantenimiento del bienestar físico, mental, social y ecológico de los individuos y sus ecosistemas. De este modo, los suelos saludables producen cultivos saludables que fomentan la salud de los animales y de los seres humanos y del planeta como uno e indivisible. La inmunidad, la resiliencia y la regeneración son características clave de la salud. Todo esto, unido a que los alimentos bio no presentan residuos químicos de síntesis ni OGM y tienen mayor valor nutricional, lleva a concluir que sin duda son mejores para la salud.
Así mismo, también existen evidencias de la mayor concentración de sustancias de carácter antioxidante en los alimentos de producción orgánica debido a que las prácticas de fertilización y de sanidad vegetal generan más mecanismos de defensa entre la propia planta. El resultado es la síntesis de sustancias beneficiosas para el organismo. En los productos de origen ganadero la presencia de mayor fracción de ácidos grasos mono y poliinsaturados constituye también una de las aportaciones más importantes para la salud.

¿Y para el medio ambiente?
Existe un gran número de variables ambientales a favor de las técnicas de agricultura y ganadería ecológicas. Las explotaciones bajo este sistema de producción presentan menor lixiviación de nitratos, fósforo y productos fitosanitarios, contribuyendo a la mayor calidad de las aguas subterráneas y superficiales. La lixiviación, al igual que las emisiones de óxido nitroso y de amoníaco, se reduce por unidad de superficie productiva. La degradación severa de los ecosistemas marinos y de agua dulce en todo el mundo está vinculada al uso excesivo de fertilizantes nitrogenados y fosforados, lo que provoca la eutrofización del agua dulce y la producción de zonas hipóxicas en aguas costeras.
Además, los impactos ambientales de la agricultura ecológica se limitan mucho en la medida en que no se emplean moléculas químicas de síntesis persistentes en el sistema. La agricultura ecológica recurre a técnicas que buscan mantener el equilibrio natural y, de ser el caso, las sustancias que utiliza responden a una composición equivalente a su presencia en la naturaleza.

Explíquenos los peligros para la salud de los fitosanitarios y químicos que se utilizan en cultivo convencional.
No soy partidaria de generar miedos o proyectar sensacionalismos sobre este tema, pero la exposición humana a los fitosanitarios es un hecho bien estudiado en los últimos años. Existe información de los efectos agudos de estos productos en casos de intoxicación por exposiciones a las sustancias químicas presentes en los mismos. Son conocidos los trabajos sobre incidencia y mortalidad por cáncer (cerebro, pulmón, ovario, próstata, sarcomas de partes blandas y algún tipo de leucemia) en agricultores, cuyo riesgo es superior al resto de la población general. También tienen algunas consecuencias sobre el desarrollo y funcionalidad de diferentes órganos y sistemas: alteraciones neurológicas, reproductivas, endocrinas o inmunológicas, e incluso fracasos funcionales y cambios importantes del comportamiento. Por eso, considerando valores globales, los alimentos ecológicos muestran evidencias científicas de ser más seguros, ya que no presentan residuos fitosanitarios.
En un estudio del servicio de investigación del Parlamento Europeo, se concluye que los residuos en frutas y verduras producidas por técnicas convencionales constituyen la principal fuente de exposición a plaguicidas en humanos.

La crisis económica derivada de la pandemia ha mermado el poder adquisitivo de muchas familias. ¿Esto supone un freno para la tendencia ascendente que venía manifestando el consumo de productos eco?
Todo lo contrario. Lo que se ha visto en los momentos de la pandemia, marcada por la crisis sanitaria, ecológica, social y medioambiental, es que los consumidores han priorizado la alimentación frente a otras ofertas de consumo. En resumen, la preocupación por la situación se ha traducido en compra positiva de productos bio.

¿Conviene entonces ahora insistir, más que nunca, en que los alimentos ecológicos no son caros?
Aunque los estudios demuestran que una menor renta aumenta la búsqueda de precios económicos en los alimentos, esta tendencia está muy relacionada con el rol que los consumidores le asignen. En el plano negativo, un coste elevado significa que se debe hacer un sacrificio. Por el contrario, un enfoque positivo señala alta calidad del producto. En general, los alimentos baratos suelen tener altos contenidos en grasa y en azúcar, cuyo consumo según las pautas dietéticas actuales debe reducirse por sus consecuencias para la salud pública. Por eso, el ingreso es sólo un factor explicativo parcial y es sustituido por otras variables sociodemográficas, educacionales, de salud, presencia de menores en el hogar, etc., que eliminan la barrera de los precios altos. En este sentido los alimentos ecológicos nunca han sido caros.
Si el consumo de los alimentos incluyera los valores reales de los costes ambientales y del sistema de salud, el modelo de producción convencional dominante saldría muy mal parado frente al ecológico.

¿Le parece positivo para el sector que se aplace la entrada en vigor del nuevo reglamento de producción ecológica?
Atendiendo al trabajo que faltaba para su entrada en vigor en los diferentes territorios, creo que el aplazamiento ha sido una buena decisión.

¿España está preparada para cumplir el Pacto Verde Europeo y hacer su contribución para que el 25% de la superficie agraria de la UE sea ecológica en el horizonte de 2030?
Creo que España está en el buen camino, pero debe priorizar los esfuerzos y realizar una mayor apuesta por la producción ecológica. Se ha demostrado que los productores han realizado bien sus deberes y también que los consumidores están entrando en el buen planteamiento (de ahí el incremento en la oferta y la demanda de alimentos bio). Sin embargo, falta valentía política a la hora de tomar decisiones que apoyen al sector.

A modo de conclusión, ¿qué escenario se presenta a corto-medio plazo para el sector ecológico?
Un escenario esperanzador, pero tengo la sensación de que le va a tocar un esfuerzo extra a productores y consumidores. Desconfío de las agendas políticas o de las decisiones de lavado en verde que están tomando algunas instituciones.


Un manual para desgranar los nutrientes de los alimentos eco

En Manual de la nutrición ecológica. De la molécula al plato (SEAE, 2020), Dolores Raigón realiza una profunda evaluación bioquímica de los nutrientes y su presencia en los alimentos, tanto ecológicos como convencionales. El objetivo de esta primera parte (capítulos 1 al 8) es entender con un lenguaje accesible de qué moléculas se habla cuando se citan los nutrientes, cómo el modelo agrícola, ganadero y de transformación puede influir en su acumulación, y la importancia que tienen en la concentración selectiva de los alimentos.

En el siguiente tramo del libro (capítulos 9 al 16), la autora hace un barrido descriptivo por los alimentos más representativos en la nutrición y con un consumo más generalizado (cereales, legumbres, frutas, verduras frescas, frutos secos, leche y derivados) o de origen ganadero (huevo, carnes de pollo, conejo y ternera) y acuícola. Ya por último, se elabora una dieta semanal teórica cumpliendo las necesidades nutricionales diarias, en función del origen bio o no de los alimentos.

Raigón concluye que los productos orgánicos pueden tener unas consecuencias positivas sobre la salud porque, en el proceso de producción, se garantiza el incremento de nutrientes, la ausencia de residuos químicos y el aumento de las sustancias bioactivas.